LA EMPRESA ANTROPOLÓGICA, EL ÉXITO SUPREMO



TRABAJO - LA EMPRESA ANTROPOLÓGICA, EL ÉXITO SUPREMO

Así podría llamar a aquella organización en cuya manera de operar se evidencia el entender que la inversión financiera rentable y la mejor realización de sus empleados es una compacta y única realidad, ambas pertenecientes a un solo núcleo, el de la humana intencionalidad de todos en procura del bien común.


Resulta preocupante observar que frecuentemente la existencia de la empresa se encuentra alejada de la verdadera noción del trabajo, de su origen y su objeto en la persona, afincándose simplemente en la oferta de productos. Pienso que este alejamiento viene siendo en parte causa del desgaste que se nota en nuestra civilización, un desgaste que termina por asfixiar las sociedades en estos gases de ansiedad y declarada oposición entre los fines del empresario, el empleado y la sociedad. Felizmente, ejemplos hay de empresas que buscan la armonía entre los fines de sus diferentes actores al compás de la universal condición antropológica de ser trabajadores. Trabajadores en roles diferentes, por supuesto, pero trabajadores todos al fin. Trabajador el empleado y trabajador el empresario. 


Crear esa armonía exige en primer lugar compartir conceptos y criterios correctamente evaluados y asumidos. Empeñarse en llamar pan al pan y vino al vino es imprescindible para generar armonía, de lo contrario se negaría, de entrada, la posibilidad de tal armonía, tal como pretender hacer vasijas de barro con plástico. De manera  que entonces vale la pena aclarar conceptos forjadores de los importantes criterios humanos en torno a la empresa, aclarar la noción de trabajo y de persona me parece fundamental, así como cuatro o cinco más que en otra ocasión abordaremos. Mucho conviene tener criterios claros basados en conceptos correctos para lograr desarrollo y felicidad en ese sólo núcleo vital que es la empresa. A toda comunidad empresarial conviene matizar su labor con algo que le es muy interior a cada trabajador aunque comúnmente no asumido, me refiero a atender un poco de la filosofía del trabajo. 


En momentos tan descaminados como los que vivimos diferentes sociedades, y no sólo como producto de la pandemia sino desde mucho antes, convendría poner atención a palabras como las de Frank Sheed en su libro Sensatez ante todo: “Toda nuestra vida consiste en tratar con otros seres humanos. Por eso, en nuestras relaciones personales todo el problema consiste en saber como se ha de tratar a los hombres; en el orden público la cuestión es exactamente la misma. Pero no es posible decidir inteligentemente cómo se debe tratar una cosa antes de haber visto claramente qué es la cosa. No podemos saber como se ha de tratar a los hombres sin haber visto con toda claridad qué es el hombre”. El trabajo o el ser trabajador no es un invento humano sino una condición de la propia naturaleza. Ciertamente, inmensa cantidad de personas conciben el trabajo solamente como medio de obtención de recursos para el bienestar propio y de la familia, y muchos empresarios como medio para producir rentabilidad, tanto es así que persiste el uso del desafortunado calificativo de “capital humano” para identificar a los trabajadores. Incluso, con evidente orgullo, dicen algunos trabajadores yo pertenezco al capital humano de esta empresa, buenas empresas muchas de ellas, por cierto. El ser humano no es un capital empresarial, es algo mucho más valioso para la empresa y la sociedad. En este momento es bueno determinar que la realidad del trabajo incluye beneficio material, ciertamente, pero no se queda allí el poder de la empresa, tiene un sentido y significación mucho mayor, trascendente a lo sólo humano incluso. 


El trabajo es magnífica y exigente parte de nuestra antropología, de lo que es nuestro ser; no es un indeseable añadido, tampoco es castigo ni lo que se hace en la parte del día menos grata; todo lo contrario, el trabajo es medio para el mejor desarrollo de la persona en todo sentido y no solo en el sentido de habilidades laborales. Veamos el trabajo como oportunidad para desarrollar virtudes, hábitos con los que ir creciendo en personalización y disminuyendo nuestros vicios, como la pereza o la impuntualidad, por ejemplo. Las virtudes, esas acciones que son hábitos buenos, edificadores uno tras otro, que nos benefician porque nos identifican y componen con lo que somos, es decir, personas, tienen en el trabajo el mayor ámbito de desarrollo. De allí el aprecio que debemos tenerle a nuestro trabajo, cualquiera sea. Por ello tomemos tiempo para prestar atención a nuestros criterios sobre el trabajo, porque con los criterios decidimos, creamos emociones y resultados; de manera que si para alguno representa lo que simplemente cansa y trastorna o sólo es medio para la adquisición de bienes materiales, en lugar de entenderlo como asunto personal que engrandece a todos y por ello ser atendido con alegría, con orgullo, satisfacción y generosidad, entonces se está descaminado, de manera que tarde o temprano pagaremos con amargura propia y de otros. Trabajo es igual a desarrollo de virtudes por  el camino de la eficacia y la bondad. Para San Josemaría, medio de santificación, así que imagínense la magnitud de la dignidad del trabajo. Es cosa grande.


La noción atrofiada de trabajo encuentra raíces incluso en la familia, en muchas de las cuáles no se tiene clara noción de la dignidad del trabajo, por lo tanto no se educa adecuadamente en este sentido, comenzando allí el conflicto de apreciación en cuanto a calidad de vida laboral y felicidad. Creo que actualmente, más que nunca, esta debilidad de concepto es causa de esa competencia predadora que vemos por todas partes y que nos agobia aunque seamos promotores de ella, porque aleja de la fraternidad humana y evita conformar la verdadera, poderosa y acrecentadora competencia que concibo como competencia fraterna.  


Como he dicho, cada quién, también en la empresa, tiene un liderazgo que ejercer para llevarse a sí mismo hacia el legítimo sentido de la vida y para ayudar a los demás a llevarse, cada quién con su personalidad, en su misión y con sus responsabilidades. Así se lograría llevar adelante el desarrollo en un ambiente dinámico que se haría reconfortante a cada paso, aún en las caídas, conformando actitudes arraigadas en la noble fortaleza humana y no en forjados caprichos que debilitan a todos. Este ambiente de progreso y bienestar se da por el interés legítimo en promover la mejora a la persona con el fin de que trascienda la empresa con formidables repercusiones en la vida familiar y en toda la sociedad, que de alguna manera se convierten en destinatarios naturales de un humanizado curso de la vida laboral y de la inversión financiera.


Entonces, en la que llamo Empresa Antropológica, se entiende que en el trabajo debe tenerse a la persona en primer lugar, su desarrollo y felicidad; y tal modo de ver el trabajo está muy en concordancia con la búsqueda de rentabilidad, no despreciando el beneficio económico. Se ocupa esta empresa en generar y aprovechar las oportunidades rentables porque son medio para el mejor desarrollo de las personas. Por eso el empresario invierte y el empleado labora con aprecio. Viene resultando entonces que lograr rentabilidad en la empresa se asume como una obligación determinante, simplemente porque la persona es capaz de lograrlo con sus talentos bien utilizados. De este modo, lograr rentabilidad es verdaderamente parte del llamado a la perfección, llamada señalada e implícita en el ser humano. 


Llegamos así a la persona, que si pensamos objetivamente describiremos en primer lugar como ser creado, cosa importante a no perder de vista; creado inteligente, es decir, capaz de encontrarse con la verdad, amarla incluso; creado libre, es decir, un ser que hace el bien porque él mismo quiere hacerlo y no quiere hacerlo de manera autómata o impuesta contra su voluntad. Luego, el ser humano tiene voluntad para buscar el bien, potencia que debe cuidar y educar. Ese es el ser humano, ser en conclusión bueno pero imperfecto, que debe saber administrarse con carácter para conformarse cada vez mejor a lo que es la persona y que desea ser mejor persona para ayudar a otros a lograrlo. De este modo el empresario no se queda extasiado con sus propiedades porque pone la mirada en el bien que hace con ellas y el empleado se enfoca en complacerse en contar con un sitio en donde desarrollarse, si lo quiere, a plenitud.


ÁNGEL MONTIEL CRISTALINO

crescacoach@gmail.com


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