FAMILIA PERFECTA - LA QUE SE ACTUALIZA

FAMILIA PERFECTA - LA QUE SE ACTUALIZA
Enfocar lo que queremos lograr es vital, sin enfoque no avanzamos con la firmeza necesaria y corremos el riesgo de detenernos o desviarnos a cualquier rumbo, bien por capricho, bien por descuido, y así el puerto no se alcanza. Esta situación de alguna manera vino a mi mente hace pocos días, mientras veía por televisión una de esas bien logradas series en las cuales se da a conocer detalles de la vida de los grandes del deporte. Cómo se nota que un esforzado enfoque en lo que hacen les lleva a ese nivel de superlativo desempeño. He visto la de Michael Jordan y también un rodaje sobre Usain Bolt. Ante esto uno pudiera preguntarse ¿cuánto me enfoco para llegar a lugar responsablemente superlativo en mi vida ordinaria? La vida ordinaria se desarrolla en la familia, en el trabajo, con las amistades.
Para estos grandes del deporte el objetivo era muy específico, para ellos estaba muy claro y eso parece haber sido determinante en el logro de sus hazañas. Siempre me gusto el deporte y el desempeño de Pelé, Mohamed Alí y Jordan siempre me ha admirado. Creo que a los tres les impulsaba sobre todo un inmenso deseo de hacerlo bien, les movía la simple responsabilidad de no defraudar a sus seguidores. Creo que no eran los premios lo que más les movía, aunque sin duda esto contaba. De los tres, creo que en Pelé destaca más esa condición, pienso que principalmente le animaba el simple deseo de jugar y jugar bien; ese era su objetivo en mente, más que los premios mismos, aunque por estos daba el todo, porque eran los premios para su público, para su País. Estos campeones son gente que se mantenía enfocada en lo que hacían para hacerlo lo mejor posible, por eso mantenían principios y se actualizaban en todo lo concerniente a sus circunstancias.
Como se puede ver, estos hombres y mujeres –que, por supuesto, como ellos encontramos otros en todos los tipos de roles y actividades desarrolladas por el ser humano– nos sirven de inspiración. Esa inspiración producto de la excelencia podría servirnos también de alguna manera para cuestionarnos, por ejemplo, y tomar decisiones de mejora; pero creo que lamentablemente muchos de nosotros sólo nos ocupamos de enfocar nuestra atención en ellos y no en nosotros, quizá pensamos que ellos son los que tienen la obligación de destacarse por sus extraordinarias dotes. Nosotros somos los “normales” y llamados a una vida “normal”. Pero, qué tan “normal” debe ser esa vida o a qué llamamos “normal”, podríamos preguntarnos. Nuestra responsabilidad en la familia es de lo más normal, digamos, de condición ordinaria; pero acaso pensamos que la noción de excelencia poco tiene que jugar en nuestra ordinaria vida y personal condición; acaso quiere decir que aunque muy importante, podría ser que lo “natural” no requiera de tanto empeño, que está bien tratar lo ordinario con una superficial atención, mientras estamos más atentos a otros asuntos.
A dónde queremos llevar la familia es pregunta definitoria de nuestro accionar. Como los grandes campeones, tener definido el objetivo resulta vital y la familia sigue siendo célula fundamental de la sociedad, asunto importantísimo y de lo más “normal”, pero con determinantes y extraordinarias consecuencias en todas partes, su acción y resultados son de carácter vital para todo en la sociedad. De manera que conviene establecer sus destinos últimos mediante objetivos muy claros. En anteriores escritos he dicho estar de acuerdo con cuatro objetivos educativos esenciales, a los cuales, como saben, yo le agrego uno más que es la amistad. Ahora bien, una cosa son los objetivos y otra lo que estos requieren para lograrse, es decir, los órganos generadores. En la familia, el matrimonio es principal órgano generador y la organicidad es de carácter natural, conformable y necesaria.
Vamos a enfocarnos en el órgano generador por excelencia de la familia, así lo llamo al matrimonio. Por supuesto, cabe la pregunta ¿qué es lo que genera el matrimonio? Básicamente dos cosas, absolutamente entrelazadas, interdependientes; a saber, una, dar oportunidad a la nueva generación de seres humanos y, la otra, dar oportunidad al desarrollo de la más potente realidad entre humanos, que es la que se puede dar entre un hombre y una mujer que deciden estar en matrimonio para siempre. Todo lo demás de esto depende y a esto se ordena, y no sólo en la familia sino mucho más allá de ésta. He allí la organicidad en su más simple explicación. Y lo “normal” es nada menos que intentar llevar estas dos realidades a su más sólida expresión, como tantos dicen, a su mejor versión. De quién primero leí esta hermosa, integradora y exigente expresión, hace unos diez años, fue Matthew Kelly, el renombrado asesor empresarial y familiar. “La mejor versión”, así la cosa como que no la vemos tan “normal”, pero lo es.
Escuche decir a Pete Sampras, cuando ese magnífico tenista ganó uno de sus varios US Open, “El triunfo está en el camino”. Luego hablaremos de cómo recorrer el camino y así veremos de nuevo que aún en el matrimonio todo pasa por los tres principios ejecutivos que he destacado: veracidad, puntualidad y generosidad, que resultan concretos instrumentos para enfocarse en ese liderazgo que como padres debemos saber atender. Podríamos empezar por pedir al cónyuge sentarse un rato a conversar sobre esos resultados que el matrimonio debe generar. Quizá les parezca un tanto extraño enfocarse con más precisión, pero ya lo hemos hecho en otros roles. Atender con amoroso enfoque lo ordinario puede llevarnos a los “normales” a mejores resultados en la familia e incluso a ser santos, y esto sí que es superlativo.
ÁNGEL MONTIEL CRISTALINO
22 de julio de 2020
angelmontielATL@blogspot.com
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