TRABAJO - EN LA EMPRESA DE VERDAD I



TRABAJO - EN LA EMPRESA DE VERDAD (Primera parte)

El primer portento social es la familia. Sin embargo, el accionar de la empresa ejerce un poderoso y benéfico influjo social, con frecuencia más evidente que el ejercido por la familia pero no más importante, aunque también necesario con total sentido de necesidad. En este escrito estaremos hablando del trabajo, de esa empresa antropológica que describí en mi precedente artículo. Es tan grande la presencia de la empresa en la sociedad que si todo trabajo se hiciera bien, humanamente bien, si se atendiera con fino enfoque sus oportunidades y fines más nobles, el beneficio social sería esplendoroso, contemplaría con satisfactorio asombro el crecimiento en cada persona mientras se generan los bienes y servicios; así, el beneficio del asunto humano iría mucho más allá de la noción de productos que se generan y ofrecen.  


No se puede hablar de empresa antropológica, por lo tanto, de trabajo bien hecho, sin tener presente aquellos principios que son valores de siempre, impresos indeleblemente en el ser humano y en todo ser humano. Son principios inmutables y esclarecedores, de manera que nadie puede cambiarlos ni conviene a nuestra naturaleza que se intente cambiarlos o confundirlos y, por lo mismo, bien nos hace respetarlos por su beneficiosa aplicación en toda actividad que se precie de ser noble. Como son muchos estos principios, para simplificar su vivencia la experiencia me ha llevado a resumirlos sólo en tres a modo de hacerlos a todos manejables y útiles. Estos tres se encuentran muy a la mano y pueden ser señales o luminosos faroles que aseguren a todos ver el camino en toda su dimensión, incluidos los demás valores que fortalecen a las personas.


Los tres principios a los que me he referido son veracidad, puntualidad y generosidad, los llamo Principios Ejecutivos, y son un radiante núcleo del que emana solidez y feliz actuación laboral. Podemos entenderlos también como superestructura de un canal por el cual navegar para ir armando el éxito con ética y pericia, estructura que garantiza un curso seguro incluso en eventuales y hasta peligrosos rápidos. De los tres, hablemos hoy de la veracidad en el trabajo, de allí el título de este escrito. Antes quiero aclarar que me estaré refiriendo solamente a la verdad como la realidad de las cosas y no tanto al antónimo de mentira. Tampoco me estaré refiriendo al error, que es otra cosa. Sin embargo es bueno enfatizar que la verdad y la mentira son hechos conscientes y que con la mentira se pretende engaño y opresión, con la verdad lealtad y libertad. Por su lado, el error, al menos en el momento de cometerse, tiene un cierto grado de inconsciencia y no pretende engaño. Con frecuencia escucho una confusa expresión, algo así como, “estaba mintiendo, no es esa la fecha sino esta otra”; ante ello, podría preguntarse ¿has intentado engañarme o sólo has cometido un error? 


Hablar sobre el tema de la verdad podría parecer innecesario porque ciertamente estamos al tanto de la importancia de esta cuestión, así para asegurar los resultados laborales como para la salud mental y hasta corporal, para lo social y lo familiar, para la investigación científica, en fin. Constantemente se nos invita a ser objetivos, o se nos exige serlo; se sabe de la importancia de ver las cosas tal como son, porque lograrlo fluidamente sería de una inmensa ganancia para todos. También sabemos que nosotros tendemos a asumir las cosas como nosotros creemos que son, creemos que las cosas son como las vemos nosotros, a esto se ha llamado paradigma, tener una visión propia sobre algo, nuestra visión de algo. Pero tal visión será más beneficiosa en tanto se acomode mejor a la realidad, a lo que realmente son las cosas. No cabe duda que esa persona a la que reconocemos como objetiva tiene la capacidad de ver las cosas muy en coherencia con lo que verdaderamente son; logra analizar más allá de su forma de ver, su forma de ser es realista. Esta persona suele desempeñarse con buena intención, es veraz; quiere vivir conforme a la verdad aún cuando eventualmente cometa errores. Pero sabemos que esto de ser veraces no es del todo común, que nosotros mismos a veces entramos en algún asunto o salimos de él con una mentira o sin profundizar hasta lo objetivo. Qué pasa con la objetividad cuando las cosas son complejas y necesitan de criterios sobre roca para realizar un juicio y tomar decisiones. Por si fuera poco, el tema de actuar con base en la verdad también requiere de valentía, otra virtud. Pareciera que, lamentablemente, hasta podemos adquirir cierto nivel de acuerdo en aceptar que “tan veraz no se puede ser o no conviene serlo”. No en vano San Juan Pablo II escribió la poderosa y útil encíclica “Veritatis splendor”, El Esplendor de la Verdad, que sin duda es marco referencial de este ensayo.


Como el ámbito de la verdad es el todo pero no hay espacio para tratarlo y al todo no sabría cómo manejarlo, vamos a limitarnos a dos ámbitos de la verdad, de los muchos que se refieren a la empresa, al trabajo. Uno es cuánto sabe cada uno sobre el rol particular que tiene en el trabajo. Al respecto tenemos, por un lado el rol como tal y sus objetivos y, por otro, nuestra capacidad de aproximación como trabajadores, como persona, a la consecución de tales objetivos. El otro ámbito en el que se mueve la verdad en la empresa responde a la pregunta, cuál es la calidad de relación de cada quién con aquellos compañeros con los que se hace el trabajo, los del equipo, ámbito que no es menos complejo aunque sí más admirable que el primero. Analizando estos dos ámbitos vamos a pretender responder a cuán comprometidos estamos con esas responsabilidades que nos han puesto en las manos muchas veces confiando en nuestro potencial, no tanto en nuestra capacidad, y por las cuales se está en una empresa. Así vamos entrando en la maravillosa y compleja realidad del trabajo.


Trataremos entonces de ir al fondo, a no quedarnos con lo que captamos a primera vista, sino ir a lo que quizá no se ve, o que se ve y no se sabe tomar en cuenta, a lo que no estamos acostumbrados a ver, o que quizá no queremos ver. Ir más allá de lo evidente es un camino que algunos no desandamos porque nos cuesta caminarlo. Alguna vez leí, disculpen la imprecisión, “Si quieres encontrar cosas nuevas vuelve al camino que transitaste ayer”. Trataremos de ir develando este enfoque sobre la verdad en sucesivos escritos, enfoque que ciertamente tiene que ver con la calidad del trabajo que se hace y del producto que se entrega, pero lo haremos desde la perspectiva de cómo realmente se comporta la persona ante la verdad que significa producir con calidad y honestidad. Se intenta que cada uno pueda apreciar cuán suscrito está a las orientaciones de su conciencia mientras intenta llegar al final de la tarde con una obra integralmente bien hecha. Alguna vez hablaremos de integridad.



ÁNGEL MONTIEL C.

crescacoach@gmail.com


06 de julio de 2020


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